Stop

Faltan unas horas para que se pare el mundo. Al menos para que se pare aquí. No sé si los nórdicos también dejarán de funcionar en agosto. Y por nórdicos, me refiero también al Norte de España.

Este año tampoco creo que lo note especialmente. Desde finales de junio mis semanas no tienen 7 días, ni fines de semana, ni lunes, que eso también es una ventaja. Desde entonces los días se han sucedido con una velocidad frenética, mientras luchaba encarnizadamente por robarle unos minutos al Dios Chronos. Ahora hemos cambiado el ritmo. Por puro agotamiento, entre otras cosas, nos hemos puesto de acuerdo en bailar una canción más lenta: yo he dejado de sudar intentando seguir sus pasos, y él, a cambio, ha dejado de pisarme los pies. Ahora ambos nos mecemos suavemente al son de una balada, como ralentizados, bajo los 40 grados a la sombra que nos deja esta bonita ciudad cuando viene no sé qué viento (ja!) del Norte de África, o del mismo infierno. 

Hugo también se ha unido a nuestro baile y a duras penas levanta la cabeza si escucha algo que lo saca de su ensoñación perruna. Ahora cuesta hasta que se venga conmigo a la calle. Porque en verano, y especialmente con estos calores, soy yo la que lo bajo a él, y no al revés, como sucede el resto del año. Bajo el sol abrasador, incluso es capaz de andar a mi paso sin tirar de la correa. Junto con la facilidad de aparcar en el centro, o en general en cualquier lugar donde no llegue el olor a salitre, es de las pocas ventajas de los-40-a-la-sombra. 

Y en este cambio de ritmo he vuelto a leer. Dicho así suena a una gran mentira. Voy a ser más exacta: he vuelto a leer narrativa. 

Me di cuenta de que el libro me había cautivado en la primera página. Me pasa con los libros, las series, y también con las personas: a veces el tiempo me da la oportunidad de llenar de contenidos y de argumentos esa primera impresión,  pero por regla general los primeros minutos me bastan para hacerme una idea bastante certera de si algo o alguien me gusta, me desagrada, me es indiferente o me fascina. El libro me fascinó desde la primera hasta casi la última página. Lo que no me gustó: que se acabó. Y demasiado pronto. Pero durante tres días recobré de nuevo la sensación de tener un pequeño pero apasionante tesoro aguardándome en la mesilla. Hoy, que sería el 4º ó el 5º día, como ya lo había acabado, he ido a por otro. Es lo que tiene el vicio, que se auto-refuerza. De éste no me han hablado, ni conozco al autor.  Ha sido una apuesta nueva: al Bicho le ha gustado por afuera y a mi lo que he leído en el par de páginas que he abierto al azar. De momento, tengo una intuición, cuatro líneas fuera de contexto y una bonita dedicatoria. No esta mal, como principio. Me recuerda a la vida. 

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