Territorios Conquistados

Hugo me mira con cara suplicante. No habla y según la ciencia, contra lo que muchas veces parece, no lo hará nunca, pero tampoco le hace falta. Se comunica mejor que la mayoría de las personas que conozco. A veces es un poco tosco en sus modales, pero no se le puede reprochar que deje mucho margen a la malinterpretación.

Desde que se ha adueñado de su nuevo edredón parece que tiene poco más que pedirle a su vida perruna. En eso también fue bastante eficaz. Vio el edredón -que inicialmente no era para él, sino para madre coraje-, lo probó, le gustó, se pasó dos días enteros acurrucado en él, por si no pillábamos la indirecta, y pese a nuestras limitaciones humanas, la pillamos y se lo dejamos para él. La nueva cestita que le había comprado ese mismo día aún sigue en el maletero del coche.

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Ahora no lo veo por aquí. En vista del éxito obtenido, debe de haberse vuelto a su edredón. Voy a sacarlo a pasear, que ya es hora.

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Pause

¿ Alguna vez han tenido la sensación o mejor dicho, la tentación, cuando van con mucha prisa o tienen que llegar a algún lugar y van con el tiempo justo, de pararse a oler las flores ? O quizás darse un baño relajante, escuchar esa canción o escribir un poema.

A mi me pasa a veces. Sólo a veces. Son los días en los que me paro a escribir un post a las 7 de la mañana. O me pongo a buscar aquel viejo cd en el que suena la canción que me apetece escuchar y me lo llevo en el coche. 

Han acertado. Hoy es uno de esos días. Démosle al pause. 

El momento más feliz

Cada pareja, cada familia, tiene sus rituales, sus reglas y sus juegos. Normalmente ni siquiera se hacen a propósito, sino que se van forjando a base de repeticiones, como la tierra se orada al paso del agua. Pero al tiempo resulta que son precisamente esos rituales, esos pequeños momentos cotidianos, esas cosas que hacemos juntos de ese modo y no de otro, los que le dan sentido y conforman las señas de identidad del “nosotros”, como el curso del río le da forma y nombre al caudal de agua que lo recorre.

Las circunstancias de trabajo están a punto de robarnos uno de esos rituales. El del encuentro, el de qué tal te ha ido hoy, el del baile porque la jornada laboral y las tensiones del día terminaron y ahora estamos solas tú y yo, en casa, a salvo del mundo.

Encontraremos otros momentos, inventaremos nuevos bailes, como el agua busca nuevos caminos. Encontraremos nuevos paisajes, quizás más salvajes, quizás más bellos, pero hasta que eso ocurra, da la sensación de que alguien está a punto de robarnos un preciado regalo y aunque sabemos que lo mejor es no oponer resistencia, no podemos evitar sentir, mientras se lo entregamos, que lo vamos a echar mucho de menos.

Este es mi pequeño homenaje de despedida.