Territorios Conquistados

Hugo me mira con cara suplicante. No habla y según la ciencia, contra lo que muchas veces parece, no lo hará nunca, pero tampoco le hace falta. Se comunica mejor que la mayoría de las personas que conozco. A veces es un poco tosco en sus modales, pero no se le puede reprochar que deje mucho margen a la malinterpretación.

Desde que se ha adueñado de su nuevo edredón parece que tiene poco más que pedirle a su vida perruna. En eso también fue bastante eficaz. Vio el edredón -que inicialmente no era para él, sino para madre coraje-, lo probó, le gustó, se pasó dos días enteros acurrucado en él, por si no pillábamos la indirecta, y pese a nuestras limitaciones humanas, la pillamos y se lo dejamos para él. La nueva cestita que le había comprado ese mismo día aún sigue en el maletero del coche.

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Ahora no lo veo por aquí. En vista del éxito obtenido, debe de haberse vuelto a su edredón. Voy a sacarlo a pasear, que ya es hora.

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