Al final, el destino siempre te encuentra

 

Sí, por fin lo he decidido: voy a dejar de comer. Pero confío en disfrutar de mi ayuno.

Las personas soñadoras tenemos eso, el pragmatismo no es nuestro fuerte. Pero son de bonitos… con sus nubes, sus playitas…

Resulta curioso pasarse la vida con la impresión de que se avanza -o se retrocede-, de que se dejan cosas atrás, para caer en la cuenta de pronto de que da igual cuánto camines, porque si corres mucho lo único que conseguirás es llegar más rápido al punto de partida.

Al final resulta que la vida es cíclica, que tus fantasmas son siempre los mismos. Cambian los escenarios, las personas, pero no las batallas. Quizás son precisamente nuestros temores y nuestros anhelos, esos que nos acompañan aunque no queramos, los que nos hacen únicos. 

Esta semana le he dado un volantazo a mi vida. He aplicado la corrección necesaria para volver al punto de partida. Sabía que era cuestión de tiempo porque no se puede navegar mucho tiempo contra la propia corriente, y tarde o temprano la cabra tira al monte. Aunque es cierto que no esperaba que sucediera tan pronto.

“Las cosas tienen su timing”, me decía una amiga el otro día. “Timing” es una de esas palabras inglesas tan precisas que necesita toda una frase en castellano para ser comprendida, pero que en ese contexto vendría a ser algo así como “momento oportuno”. Ella lo decía en alusión a mi tesis. “A lo mejor no es el mejor momento para hacer la tesis”. 

A lo mejor lo que decía era racional, pero desde luego no podía estar más en desacuerdo con ella. ¿Relegar lo que más me gusta hacer y que es mi prioridad profesional en este momento? “Demasiado la he relegado ya”.

Resulta curioso que la única persona que me apoyaba en mi salto al vacío fuera precisamente Ella, la persona más apegada a la estabilidad que conozco. Claro que por algo me enamoré de Ella. 

La presión aumentó, tuve el pequeño empujón que necesitaba, y me tiré. Me sigue dando miedo la altura, pero más miedo me da la falta de libertad. 

No me gusta pasar hambre, ni en sentido literal ni en figurado. Salvo escribir, el resto de mis gustos y vicios son caros. Por no hablar del simple hecho de pagar la factura de la luz todos los meses, que se está convirtiendo en todo un reto. No tengo ni idea de cómo lo voy a hacer. Y aunque tengo redes, sin las cuales no me hubiera tirado, no me gustaría emplearlas a menos que fuera absolutamente necesario. Menos el aire, todo cuesta. 

Pero lo bien que se siente una haciendo lo que quiere, aunque el mundo entero grite lo contrario, eso no tiene precio. 

 

 

 

 

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