Injusticia Universal

 

Últimamente mis reflexiones y disquisiciones sobre mis opciones vitales me han tenido demasiado entretenida como para escribir acerca de lo que pasa en el exterior. Porque mientras yo me debatía entre comer o estudiar, los ucranianos de debatían entre la Unión Europea y Rusia, los úteros de las mujeres en España se debatían entre pertenecer a su dueña original o a un señor trajeado llamado Gallardón, una de nuestras infantas (y digo nuestras no desde el cariño, sino desde el rencor de tener que sufragarle sus derroches), se debatía entre llegar al juzgado en carroza o en calabaza, ETA se debatía entre disiparse o disolverse, el Ministro del Interior se debatía entre disparar desde tierra o a tierra y el Ártico se derretía un poco más. 

Muchas palabras habría podido escribir sobre cada una de estas cuestiones, pero por aquello de la actualidad me ceñiré a una de las últimas que ha sucedido en estos días y que ha tenido el honor de dañarme un poco más si cabe el corazón que las anteriores.

No se si será por amor a la justicia, por mi firme convencimiento de que todos formamos parte de una misma humanidad, que lucha por ser cada día más libre, más igualitaria y más digna, o por mi esperanza de que llegue una nueva era en la que las fronteras y las naciones no tengan sentido, que el 27 de febrero de 2014 se me antoja un día especialmente negro para nuestra historia.

El gobierno del PP, en su carrera por aniquilar las libertades y dejar claro que, especialmente en cuestiones de Justicia, siempre ha habido clases, ha sacado adelante, con el resto de los partidos en contra (salvo el diputado de Unión del Pueblo Navarro, que ha votado a favor), una reforma express de la ley de jurisdicción universal, que incluye tantas limitaciones al principio de justicia universal que en la práctica supone el archivo inmediato de casi todas las causas abiertas en la actualidad, por no hablar de las miles de causas que a partir de ahora quedarán huérfanas.

No puedo evitar pensar automáticamente en clave de naipes. Cuando lees, cuando vas al cine, te evades, te diviertes, te emocionas o aprendes sobre otras culturas (reales o imaginarias), a veces sobre historia, a veces sobre posibles futuros. Pero algunos libros, al igual que algunas películas, y a veces, por extensión, también algunas series, tienen una capacidad mágica: la de ampliarte horizontes, mostrarte realidades que hasta entonces ni imaginabas, pero que a partir de ese momento, formarán parte de tu marco para ver y entender el mundo.

“House of cards” (castillo de naipes) es, además de una obra maestra en cuanto a dirección e interpretación (su actor principal es Kevin Spacey), una de esas series que te ayudan a comprender mejor el mundo del que, sin querer, tú también formas parte. 

Hasta Barack Obama ha confesado estar enganchado a la serie, lo cual, de ser cierto, no se si me escandalizaría o me conmovería. 

Se podría hablar sobre manipulación, presiones, dinero, poder, cinismo, mentiras… pero mejor que una larga explicación, les animo a disfrutar de la obra de arte. 

Hasta el siguiente capítulo!

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