Amarre

– Tú no deberías de estar aquí. Ni siquiera se hubiera fijado en ti si yo no hubiera tenido que marcharme.

No respondí. Me limité a seguir haciendo mis cosas, como si lo que hubiera escuchado hubiera sido el rumor del viento, una lejana melodía que apenas llegaba entera a mis oídos. Podía llegar a entender su sorpresa, su orgullo herido, pero aquello no dejaba de ser una pataleta sin sentido. Llega un momento en el que hay que reconocer que se ha perdido, especialmente si hace ya tiempo que habías dejado de jugar.

Me giré al notar su presencia y sus ojos se clavaron en los míos un instante, en el que el mundo pareció congelarse a nuestro alrededor, antes de proseguir con las tareas de amarre. Creo que fue entonces cuando tuve la certeza de que todo lo que me había pasado antes en la vida había ocurrido para llevarme hasta allí.

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