Cuentos

La vida no es aquello que te sucede, sino lo que tú te cuentas sobre lo que te sucede, porque lo importante no son los hechos, son las palabras. No las que se lleva el viento, no las olvidadas al pronunciarlas, no las ignoradas. Son las palabras que nos decimos a nosotros mismos, esas que se enredan en nuestro pensamiento. Seguramente por eso el cerebro está lleno de surcos, para que aniden allí las ideas.

Y echan el vuelo por la noche, irrumpiendo en nuestros sueños, o susurrándonos su canción al oído.

Otras veces se agolpan en algún recodo y les cuesta salir. Entonces eres tú quien tiene que abrirles la puerta y enseñarles el camino. Escribes. O pintas. Yo, casi siempre escribo, y al hacerlo construyo mi realidad, la interpreto, le pongo nombres, adjetivos y por último, le doy un sentido.

Vivo a través de las palabras. Las que me cuento. Las que no me dices. Hoy tienen un sabor agridulce. Saben a derrota y a sonrisa. Suenan a fantasmas del pasado, cada vez más frágiles, y a brisa fresca. A nuestras miradas encontrándose.

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