Us

Me adivinas desde lejos. Yo me adelanto a tus palabras. A veces me sorprendo escuchándonos responder de la misma forma, incluso con las mismas variaciones en el tono. Como si lo hubiéramos ensayado.

Pudiera parecer un logro del tiempo, un pensar compartido a base de confidencias nocturnas y la simple sucesión de los días. Lo curioso es que el tiempo sólo ha perfeccionado lo que siempre hubo: una suerte de coincidencia cósmica.

“Todavía te sorprendo” me dices a veces, con los ojos llenos de ilusión. Yo sonrío, porque sé lo importante que es para ti no ser predecible. Sonrío porque intuyo que aunque te adivine no dejará de sorprenderme tu capacidad de leer el alma humana, de encajar la crudeza de la realidad más intolerable, y el brillo de tu mirada cada vez que me haces reír.

Buen lunes a todos. Ya queda menos para el fin de semana 🙂

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La nevera

Como suele pasar por estas tierras, tal como llega la primavera asoma en Sevilla el verano, con unos meses de adelanto y sin ningún pudor.

Tras varias Semanas Santas impregnadas de lluvia y lágrimas, luce el Sol sobre las procesiones. Un alivio que ahuyenta los miedos de los que temen quedarse otro año más sin su estación de penitencia, pero es que en esta tierra no entendemos de términos medios.

Sol abrasador, sudores, lipotimias y pocas personas, en general, preparadas para recibir el verano a finales de marzo. 32º graditos narraban las crónicas. Los que hemos estado estos días por allí sabemos que han sido más.

Pero eso es en la capital. En los pueblos, algo menos. Y en la nevera, seguimos con mantas. Durante el día.

No recuerda mi memoria un efecto semejante en una casa, salvo en alguna muy antigua, de piedra, incrustada en la montaña.

En Villa Golondrina ya llevaríamos semanas con el aire acondicionado puesto, al menos en las horas centrales del día.

Aquí, mientras el verano asoma de puertas para afuera, no puedes soltar la batamanta. Hugo, que lleva tan mal el frío como yo, ha encontrado un nuevo refugio: la alfombra de la entrada.

Miro la consola del aire acondicionado que instalaron los hombres de la mudanza en el salón y me pregunto si acaso la estrenaremos. No lo usamos, salvo para probar que funcionaba, tras la mudanza. Y nos mudamos en plena ola de calor. Pero fue terminar la mudanza y no volver a acordarnos del calor ni de ella.

Todo parece indicar que la usaremos poco. La duda que se nos plantea ahora es si seguiremos encendiendo la estufa.