Una historia casi universal

Vino de la mano de una gran amiga, con una dedicatoria tan especial como ella.

“Es uno de mis libros preferidos”.

Ahora también es uno de los míos. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un libro, seguramente porque el ritmo de vida que llevo es poco compatible con los placeres contemplativos como la literatura. Motivo de más para cambiar de vida. Pero volvamos al libro.

Una joya de la literatura y de la historia, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta, no sé por qué me da que si fuera de obligada lectura en los colegios, en vez de El Quijote o El Lazarillo de Tormes, y que me perdonen los puristas y los amantes de lo políticamente correcto, pero si hay alguna edad para comprender y disfrutar El Quijote, desde luego esa no es la infancia. Si fuera de obligada lectura en los colegios, decía, quizás creceríamos un poco menos incultos y algo más respetuosos con las culturas ajenas.

Pero es mucho más seguro para adormecer las mentes seguir venerando obras cuyo objeto de crítica se encuentra a buen recaudo, sepultado por más de cinco siglos de historia.

Quizás sería peligroso estimular el pensamiento crítico más allá del siglo XX. No vaya a ser que con ciertas lecturas contribuyamos a que las nuevas generaciones tengan una visión del mundo menos manipulable. Con lo fácil que lo ponen la televisión, las redes sociales y el Gran Google, no vayamos a estropearlo con obras como ésta de Eduardo Galeano, que distingue lo que dicen las sagradas escrituras de lo que dicen las doctrinas imperantes, que cuenta la historia de mujeres sabias y valientes cuya reputación ha sido mancillada por rebeldes y cuya voz ha sido silenciada por los siglos de los siglos, amén.

Dioses, pueblos, culturas milenarias, nombres de hombres y mujeres que osaron luchar contra la injusticia y acabaron menospreciados por la historia, o aquellos que fueron elevados a la categoría de Santos por acometer feroces atrocidades contra sus semejantes.

La contrahistoria, aquello que no cuentan las crónicas de los vencedores, aquello que pocos se molestan en contrastar, las vidas esenciales de los que a nadie importan, se reflejan en este espejo de la historia que devuelve la proporción al reflejo deformado de nuestro propio tiempo.

“Espejos, una historia casi universal”, de Eduardo Galeano. No dejen de leerla.

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