Los mensajeros

Dicen que constituyen el cuarto poder.

Nos informan. Seleccionan lo que es importante y lo que no. Deciden los temas de conversación, las preocupaciones y los miedos de la gente.

Nos recuerdan los aniversarios que creen  que merece la pena no olvidar. Nos refrescan la memoria relacionando la actualidad de hoy con la de ayer.

Analizan la información política y económica, desgranándola y traduciendo mensajes vacíos o rimbombantes en conclusiones comprensibles. Descomponen las tramas de corrupción y los interminables procesos judiciales en capítulos que nos van sirviendo en pequeñas dosis, a ritmo de nuestro anquilosado sistema de injusticia.

Algunos, valientes, hacen entrevistas donde no cabe salirse por la tangente. Luchan a golpe de hemeroteca y de datos contra la mentira y la hipocresía de los gobernantes y de los aspirantes a serlo.

Otros, inquietos, buscan respuestas más allá de nuestras fronteras. Hacen reportajes que nos ayudan a comprender aquello que nunca se nos ocurrió preguntar, mostrándonos que hay otras formas de hacer las cosas.

Los más audaces, se desplazan a lugares donde la vida humana vale nada o muy poco, para contarnos que fuera suceden otras injusticias, otras víctimas, cuya voz nadie quiere escuchar. Son ellos los que nos hacen llegar historias que nunca hubiéramos querido conocer y, que a veces, con una imagen impactante, logran remover miles, millones de conciencias.

En su conjunto, por su cercanía directa con la información, sus contactos y los conocimientos que van acumulando, constituyen uno de los grupos que mejor conoce y comprende la realidad que nos rodea, mientras contribuye, en gran medida, a darle forma y significado.

El cuarto poder, aparentemente fuera del engranaje de las elecciones democráticas, y por tanto ajeno a la voluntad popular, pero  a la vez tan esclavo de las cifras de audiencia, visitas y ventas, medidas ahora minuto a minuto,  es, quizás, el más cercano al pueblo.

Hubo un tiempo en que me planteé, animada por mi familia, ser periodista. Otras inquietudes guiaron mi destino, y a día de hoy, continúan haciéndolo. Sin embargo, la simpatía que siempre he sentido por el gremio, lejos de desvanecerse, con el paso del tiempo, se ha ido transformando en una profunda admiración, salpicada, a ratos, por grandes dosis de agradecimiento.

Éste es uno de esos ratos. A todos los que nos ayudan a ver algo más allá de nuestro horizonte. Va por ellos.

 

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