Wings

Quizás hoy no sea el mejor día para escribir ni para hacer balance, quizás sea mejor anestesiarse viendo Anatomía de Grey.

Hoy, después de una serie de eventos que han salido encadenadamente mal, me he despedido de mi coche. Es un coche viejo, autodesmontable, lleno de averías y luces perennemente encendidas en el salpicadero. Dio problemas desde el principio y tenía una querencia muy  arraigada de ir al taller en los momentos menos oportunos.

Siempre ha consumido más gasolina de la que mi bolsillo podía soportar y en los últimos años su apetito se había vuelto más voraz y consumía aceite casi con la misma velocidad que el combustible.

Ese tipo de cosas hace que le tengas poco cariño a tu coche.

Pero era mi coche y un regalo que nunca supe agradecer lo suficiente.

Aunque ya no me lo llevaba a los viajes, porque a duras penas llegaba a los 100 Km/hora, con él he recorrido más de 200.000 Km,  he  escuchado miles de programas de radio, de cds, y en los últimos tiempos, también de mp-3.

Lo he conducido prácticamente a diario, estancias en talleres aparte,  durante los últimos 11 años.

Desde que me quedé sin despacho fijo llevaba media oficina en el maletero. Pero también era mi segunda casa. A veces, más estable que la primera.

En el reducido espacio que había entre sus cinco puertas he  pasado más tiempo que en cualquier otro lugar. En su interior he vivido momentos malos, buenos, inolvidables y para el olvido.

Supongo que ese tipo de cosas fue haciendo que pese a los malos tragos, le cogiera cariño. Eso, y su increíble capacidad para resucitar cuando todos le damos por muerto.

Quizás por eso, en los últimos tiempos, cuando alguien se metía con él, en vez de darle la razón, como hacía antes, ahora lo defendía.

“Será lo que sea, pero ahí sigue, 13 años después…”

Porque por encima de todo, me daba alas. Unas alas pesadas, aparatosas y terriblemente caras, pero lo suficientemente eficaces como para permitirme volar al ritmo de sus altavoces.

Soy afortunada y tengo la suerte de poder contar con alas prestadas, pero no puedo evitar pensar que con las viejas alas se queda también atrás una época que toca a su fin.

Mañana será otro día. Una nueva época dará comienzo. Pero esta noche, por ser la última, seré yo quien le ponga una canción a mi coche, y no al revés.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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