Freedom and slaves

Dice la R.A.E.:

libertad.
(Del lat. libertas, -ātis).
1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.
3. f. Estado de quien no está preso.
4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.
5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.
6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.
7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.
9. f. Licencia u osada familiaridad. Me tomo la libertad de escribir esta carta. Eso es tomarse demasiada libertad. En pl., u. en sent. peyor.
10. f. Exención de etiquetas. En la corte hay más libertad en el trato; en los pueblos se pasea con libertad.
11. f. Desembarazo, franqueza. Para ser tan niña, se presenta con mucha libertad.
12. f. Facilidad, soltura, disposición natural para hacer algo con destreza. Algunos pintores tienen libertad de pincel. Ciertos grabadores tienen libertad de buril.

La primera acepción es inherente al ser humano y a su libre albedrío. Y aunque ciertamente puede verse muy limitada en cuanto al número de opciones disponibles, siempre nos queda la opción de luchar o ceder, de vivir arrodillados o morir de pie.

La esclavitud lejos de abolirse está acuñando nuevas formas, cada vez extendiéndose a más países en nombre de la productividad y la competitividad empresarial.

Es también el estado de quien no está preso. Pero, ¿preso de qué? ¿De nuestros afectos? ¿De nuestras tradiciones? ¿O quizás de nuestros hábitos? ¿Quién puede alzar su voz y afirmar que no le atan cadenas de ningún tipo?

Falta de subordinación… al orden social, el mismo que establece que los adolescentes y jóvenes son rebeldes.

La quinta acepción, la que alude a los gobiernos, resulta altamente tendenciosa. ¿Qué es una nación bien gobernada? Vale que enmarquemos la libertad en los límites de la ley, pero, ¿de las buenas costumbres, también? ¿Buenas costumbres para quién? Realmente es una definición tan subjetiva como la que puede hacer un niño de 4 años.

La libertad es a veces un estatus. Qué duda cabe.

De nuevo nos topamos con las leyes y las buenas costumbres, pero esta vez no son acatadas. Esta vez se desobedecen y además de forma desenfrenada. Qué curioso que sean precisamente las acepciones subjetivas las que no se acompañan de ejemplos ilustrativos.

A veces es familiaridad. O falta de protocolo. O simplemente, franqueza. En los casos más privilegiados, es un don.

De todas las acepciones, la que más me gusta, sin duda, es la primera. La idealista, la que ni siquiera perdemos como esclavos o como presos. La misma, sin embargo, que depende del resto de acepciones para poderse disfrutar en menor o mayor medida.

Porque todos las personas nacemos libres pero algunas nacemos más libres que otras. Algunas sólo pueden elegir en qué lugar van a morir, o a qué hijo van a alimentar. Otras, ni eso.

En nuestra sociedad puedes elegir qué funda llevará tu móvil, de qué marca será tu Smartphone y qué compañía telefónica te robará cada mes. Si tu elección es no tener un Smartphone, sufrirás el estigma social de quien desafía la norma. Tendrá un altísimo coste social, pero podrás elegirlo.

Cuando hablamos de bienes que no se pueden comprar a plazos, sin embargo, las opciones se limitan drásticamente.

¿Puedes elegir en qué trabajar? ¿Puedes elegir tus condiciones laborales?  ¿Puedes elegir cuándo tener hijos o cuántos hijos tener?

¿Tu opción es tener un gobierno que no sea corrupto, que no se venda a los intereses de las empresas energéticas y de la banca, que abogue por el bien común en vez de por el propio?

Tal vez hayas tenido la tentación de responder con un “no” rotundo a las últimas preguntas. Y quizás tengas razón. Pero quiero creer que aunque muchas opciones estén vedadas, aún podemos decir “no”. A ciertas condiciones laborales, a un trabajo poco digno.

Por muy negro que se presente el horizonte, aún podemos decidir si nos arriesgamos a traer niños a este mundo injusto e incierto, o nos quedamos como estamos.

Por muy similares que nos parezcan los partidos, podemos elegir entre votar a los que han demostrado sobradamente su falta de honestidad, o a los que aún no han tenido ocasión de defraudarnos. Si ninguno nos parece digno, siempre nos quedará la opción de fundar nuestro propio partido. ¿Inútil? Que se lo digan a Rivera o a Pablo Iglesias.

A las malas, nos queda la opción de hacer las maletas e irnos a otro lugar donde el Sol de la libertad brille más.

Claro que admitir que tenemos opciones es aceptar también nuestra parte de responsabilidad no sólo sobre nuestra propia vida, sino también en aquello que nos rodea. Porque la sociedad no es un ente abstracto, la sociedad somos tú, yo, él y ella.

Podría pasarme el día entero escribiendo, pero hay otros que se expresaron mucho mejor que yo, y en sólo una frase. Hace más de 2.000 años…

“Son pocos los que prefieren la libertad, la mayoría sólo quiere un amo justo” Salustio.

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