Tempus Fugit

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Pacto de la deshonra

En algún momento de la historia, cuando haya pasado el tiempo suficiente, o cuando las consecuencias sean tan inmensas como cotidianas, se estudiará el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía en torno a “la crisis de los refugiados“. Igual que ahora se estudia el Tratado de Versalles.

Por si no fuera poco vergonzoso lo que están haciendo -y sobre todo dejando de hacer- con los millones (sí, se cuentan por millones: http://www.cear.es/wp-content/uploads/2015/06/Informe-2015-de-CEAR2.pdf) de refugiados que tratan de cruzar las fronteras, se permiten el lujo de mercantilizarlo y plasmarlo por escrito, como si de una tasación de ganado se tratase.

Qué vergüenza de dirigentes. Qué pena de Occidente. Qué poca humanidad. Cuánta indolencia. Acabará devorado por si mismo. Estamos asistiendo, en primera fila, al final de nuestra era. La pregunta no es ya si Europa podrá salvar a nadie, o salvarse a sí misma,  la pregunta es cuántas muertes, humillaciones y desesperanzas más sembrará hasta que se ahogue en su propia codicia.

Aceptación

Hace un año (qué vértigo!!!!!) que escribí en este blog algunas de las conclusiones que comenzaba a sacar a raíz de mi tesis. Hoy, tras más de 100 nuevas entrevistas, alguna magia con los programas estadísticos, una publicación realizada y otra a la espera,  me gustaría compartir con vosotros lo que para mi ha sido un gran (re)descubrimiento.

El poder de la aceptación.

En una sociedad que idolatra el éxito y la productividad, la competitividad y sobre todo la capacidad de lucha son grandes valores.  Continuamente recibimos el omnipresente mensaje “no te rindas, sigue luchando por tus sueños”, que en realidad quiere decir “sigue comprando mis productos/servicios” -pero esa es otra historia…-.

La capacidad de lucha te permite revertir condiciones desfavorables, echarle un pulso a tu destino, y a veces, ganar. Pero está sobrevalorada, porque, mientras tanto, es sólo eso, lucha, desgaste y cansancio. Y la mayoría de las veces, en balde.

La aceptación, sin embargo, a menudo se asocia con la rendición, y por ende, con el fracaso. Cuando en realidad es una de las claves del bienestar humano, como ya nos anuncia la plegaria de Alcohólicos Anónimos.

La aceptación de lo inevitable aporta serenidad.

Son muchos los estudios que ponen de manifiesto que el sufrimiento está más relacionado con la incertidumbre y el riesgo de hacer una elección que con la certidumbre de su resultado, independientemente de cuál sea éste.

La aceptación de nuestra debilidad nos hace fuertes.

La aceptación de lo diferente crea tolerancia.

La aceptación de un problema es lo que nos va a permitir enfrentarnos a él y buscar soluciones.

La aceptación de aquellas cosas que menos nos gustan de nosotros mismos es la llave de una autoestima sana.

Es la aceptación, y no la lucha, lo que permite avanzar.

Y yo toda mi vida luchando contra ella…

Buena semana!