Augurios

Esta mañana Hugo me ha dejado un regalito en la puerta. Desde que lo desterramos del dormitorio por conducta disruptiva se encarga de recordarnos que no está de acuerdo con la decisión muy a menudo, no vaya a ser que se nos olvide.

No me noto las neuronas especialmente despejadas. Tampoco ninguna novedad, dado mi ritmo últimamente. Pero he agotado mi bono de minutos de sueño. Al menos hasta después del examen.

El reloj de ING sigue impertérrito.

No pinta bien el día.

Si no fuera porque dejé el café seguramente hoy sería una de esas mañanas que encontraría la cafetera vacía.

Algo a mi favor: el reloj hoy no tiene prisa. Me ha concedido unos minutos extra que aprovecho para escribir estas lineas.

3 a 1. Una apuesta buena para ganar, fácil de perder.

 

 

 

 

Mientras tanto

Fue por estas fechas. Un día cualquiera entre mayo y junio. Ninguna de las dos lo marcó en el calendario porque por aquel entonces no sospechábamos que habría un antes y un después de aquella tarde. Nada hacía sospechar que nuestras vidas estaban a punto de cambiar. Nada, salvo el brillo de su mirada al bajar del coche; nada, salvo mi sonrisa cómplice.

La vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes

decía John Lennon.

Y mientras estábamos ocupadas con otros planes, con otras personas, sin quererlo, casi sin darnos cuenta, la vida nos sucedió.

Sucedió su mirada magnética, mi sonrisa inevitable, canciones sobre ruedas, confesiones bajo la luna.

Hubiera sido una gran amistad, seguramente de esas que duran toda una vida, si no hubiera sido porque me enamoré de su forma de mirarme.

Hubiera sido una historia de esas que acaban antes de empezar, si no hubiera sido porque no me dejó marchar.

Diez años después, mientras escribo estas líneas, ella acaba de despertar, a mi lado. “Te quiero“, son sus primeras palabras.

La vida sigue sucediendo…