Otro gran paso para el ser humano… hacia atrás

Hoy, como buena parte de vosotros, y de este pequeño gran mundo que compartimos, he desayunado con la amenazadora noticia de que Donald Trump  estaba a punto de ganar las elecciones en EE.UU…

De nuevo, las encuestas fallaron y los peores pronósticos, los que casi todo el mundo daba por imposibles por aquí , se cumplieron.

Visto lo visto el PSOE ha perdido su gran oportunidad para ganar las elecciones generales en España tras su congreso federal.

Ironías aparte, no puedo apartar de mi cabeza dos ideas que rondan mi mente desde entonces:

La primera, el inmenso poder (de opinión, movilización, de presión) que tiene un instrumento que, a todas luces, no es fiable. Resulta sorprendente -y algo sospechoso- que cuanto peor funcionan las encuestas -al menos en apariencia-, lejos de perder credibilidad, más se emplean y se habla de ellas.

La otra es que seguimos avanzando en la nueva era.

Tras un período de relativa bonanza, en el que, huyendo de la peor cara del ser humano que mostraron las guerras mundiales, las democracias se expandieron por occidente,las clases medias prosperaron,  y se avanzó  tanto en muchos países en derechos sociales, tolerancia y respeto, no sólo hacia nuestros congéneres, sino también hacia otras especies animales y hacia el medio ambiente en general… cuando algunos comenzamos a creer en la evolución del ser humano como especie… algo hizo click y la tendencia cambió, pero inmersos en nuestras vidas, no nos dimos cuenta.

Aunque desde dentro de nuestra época a veces nos lo parezca, la historia no sigue un avance lineal, la historia es circular, al igual que el futuro, que no está escrito pero gira igual.

En algún momento, seguramente entre el nacimiento de la globalización, el comienzo de la recesión económica mundial, la proliferación del terrorismo islámico y los movimientos migratorios de los refugiados, el péndulo cambió de rumbo.

Nuestro pensamiento, al igual que el de los cocineros de las encuestas, cargado de esperanza y sentido común, sigue tratando de interpretar el mundo con los mismos códigos que antes, y se queda atónito, sin ser capaz de entender lo que está pasando a su alrededor, y mucho menos de anticiparse, a los fenómenos sociales que se suceden a ritmo vertiginoso. Ante las evidencias: el Brexit, el rechazo al acuerdo de paz en Colombia, nuestras propias elecciones o las de EE.UU., por citar algunas de las más recientes, aún nos resistimos a creer que el mundo, ese en el que crecimos creyéndonos seguros y estables, ha cambiado.

El ser humano no se ha vuelto loco de repente y le ha dado por caminar hacia la autodestrucción. Sólo ha dado un paso más, hacia atrás, pero también, si ampliamos el foco, un paso hacia adelante en su infinito círculo, ese que va del amor al odio al prójimo, que representa la lucha más antigua: la que se libra entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad.

“Como el Sol, la locura también tiene su órbita” (anónimo?)

Y entre estas pretendidas reflexiones histórico-filosóficas, y sobre todo, para no dejarse llevar por el desaliento, creo que es importante recordar quiénes somos, en qué creemos y por qué no debemos dejar de luchar por ambas cosas. Aunque a veces, en días como hoy, y  como en tantos otros que vendrán, perdamos.

 

 

 

 

 

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