Mientras tanto

Fue por estas fechas. Un día cualquiera entre mayo y junio. Ninguna de las dos lo marcó en el calendario porque por aquel entonces no sospechábamos que habría un antes y un después de aquella tarde. Nada hacía sospechar que nuestras vidas estaban a punto de cambiar. Nada, salvo el brillo de su mirada al bajar del coche; nada, salvo mi sonrisa cómplice.

La vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes

decía John Lennon.

Y mientras estábamos ocupadas con otros planes, con otras personas, sin quererlo, casi sin darnos cuenta, la vida nos sucedió.

Sucedió su mirada magnética, mi sonrisa inevitable, canciones sobre ruedas, confesiones bajo la luna.

Hubiera sido una gran amistad, seguramente de esas que duran toda una vida, si no hubiera sido porque me enamoré de su forma de mirarme.

Hubiera sido una historia de esas que acaban antes de empezar, si no hubiera sido porque no me dejó marchar.

Diez años después, mientras escribo estas líneas, ella acaba de despertar, a mi lado. “Te quiero“, son sus primeras palabras.

La vida sigue sucediendo…

 

 

 

 

 

 

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With Arms Wide Open

Boszormenyi-Nagi, uno de los “fundadores” de la terapia familiar sistémica, partía de la premisa de que los hijos, desde su nacimiento, contraen una deuda familiar con sus padres que no podrán saldar nunca, ya que a ellos le deberán siempre la vida. A esta deuda inicial se le suman, en la mayoría de los casos, años de dedicación y sacrificio, que difícilmente podrán ser saldados por las acciones de los hijos, por más generosas y honorables que éstas sean.

Sin pretender poner en duda las enseñanzas de este gran maestro, hoy quiero utilizar esta mínuscula estrella en la blogosfera para hacerles llegar mi agradecimiento, no por darme la vida, que también (faltaría más!), sino por lo que vino después.

Hoy me siento muy agradecida al comprender que puedo permitirme vivir sin miedo porque ellos me enseñaron que el mundo es un lugar seguro. Hoy comprendo que no todas las personas han podido tener esa suerte. Hoy comprendo el origen del miedo. No del miedo a una amenaza real, que es necesario para poder evitar los peligros. Hablo del miedo a la vida, o del miedo a la muerte, que son las dos caras de una misma moneda.

Todas las veces que me caí y ellos me ayudaron a ponerme en pie, todas las veces que llegué llorando a casa y hubo alguien para consolarme. Todas las veces, en definitiva, que estuvieron y siguen estando ahí, ofreciendo su cariño como refugio y su ayuda cuando hace falta, han hecho que hoy, treinta y siete años después de llegar a este mundo, pueda confiar, cuando las cosas se tuercen, en que podrán arreglarse, cuando me caigo, en que podré volver a levantarme, cuando el corazón se rompe, en que puede volver a recomponerse. Porque el regalo más valioso que unos padres pueden hacer a sus hijos, tras darles la vida -qué duda cabe-, es enseñarles a confiar y a amar.

Si algún día llego a ser madre, no podré evitar transmitirle a mi hij@ algunas de mis manías y mis neurosis, o mi despiste permanente, mi mala memoria, mis alergias… No podré evitar cometer errores, y algunos me temo que serán de los grandes, pero haré lo imposible porque se sienta querid@ y segur@ en este mundo, como mis padres han hecho conmigo.

Va por vosotros.

 

 

 

 

 

Loving you

La última entrada del año no tratará de política, ni de crisis, ni siquiera de arte. La última me apetece dedicarla al amor. Pero no al amor abstracto, ideal romántico y perfecto. Sino a uno concreto y real, tan cotidiano, humano e imperfecto, como la persona que escribe estas letras.

Desgastado por el uso, comienza sin embargo a tener ese extraño valor que atribuimos a nuestras antiguas pertenencias, aquellas que han logrado sobrevivir a los años y a las mudanzas, que quizás otros no dudarían en tirar al verlas, pero nosotros atesoramos como si de piedras preciosas se trataran.

Este ha sido un año difícil para ella. No ha habido un área de su vida, salvo quizás la nuestra, que no haya sido fuertemente atacada. Con una enfermedad que avanza sin piedad, una situación laboral que alterna sin previo aviso épocas de paro con otras de turnos interminables y con toda su familia en jaque, ha tenido pocas certezas a las que agarrarse.

Tampoco ha sido un año especialmente brillante para mí. Sin llegar a los lugares oscuros por los que ha transitado su destino, el mío ha discurrido más bien por un largo pasillo gris.

“¿Cómo lleváis vosotras todo esto: no os ha afectado la situación a vuestra relación?” Es una pregunta que he escuchado repetidas veces, con pequeñas variaciones, a lo largo de este año.

Supongo que pretender que no ha sido así sería demasiado ingenuo y algo temerario. Claro que las circunstancias nos afectan, claro que no es lo mismo navegar a favor del viento que hacerlo en contra, mientras arrecia la tormenta.

Pero creo que tampoco nos ha afectado tanto como cabría esperar. Más bien nuestra relación me recuerda al pequeño barco que en mitad de un intenso temporal, se deja ver tras cada ola, flotando como si la cosa no fuera con él.

Pese al frío, la humedad y los golpes, sigo encontrando su mirada al otro lado. Sigue haciéndome reír cada día, dándome fuerzas cuando las mías flaquean.

El temporal no ha amainado. Tal vez al final el pequeño barco termine por hundirse, irremediablemente vencido por la fuerza implacable de la Naturaleza y el destino. Pero esta noche saludaremos juntas al nuevo año. Despediremos este año gris como se merece, deseándole que se lleve con él todo lo malo y nos deje algo más tranquilas.

Y no puedo evitar sentirme afortunada al pensar que, un año más, será su mano la que estreche la mía mientras suenen las doce campanadas, serán sus labios los que besarán los míos mientras suenen los cohetes, y su mirada la que sostenga la mía mientras nuestras copas chocan en un brindis lleno de esperanzas y de promesas sin palabras.

Wings

Quizás hoy no sea el mejor día para escribir ni para hacer balance, quizás sea mejor anestesiarse viendo Anatomía de Grey.

Hoy, después de una serie de eventos que han salido encadenadamente mal, me he despedido de mi coche. Es un coche viejo, autodesmontable, lleno de averías y luces perennemente encendidas en el salpicadero. Dio problemas desde el principio y tenía una querencia muy  arraigada de ir al taller en los momentos menos oportunos.

Siempre ha consumido más gasolina de la que mi bolsillo podía soportar y en los últimos años su apetito se había vuelto más voraz y consumía aceite casi con la misma velocidad que el combustible.

Ese tipo de cosas hace que le tengas poco cariño a tu coche.

Pero era mi coche y un regalo que nunca supe agradecer lo suficiente.

Aunque ya no me lo llevaba a los viajes, porque a duras penas llegaba a los 100 Km/hora, con él he recorrido más de 200.000 Km,  he  escuchado miles de programas de radio, de cds, y en los últimos tiempos, también de mp-3.

Lo he conducido prácticamente a diario, estancias en talleres aparte,  durante los últimos 11 años.

Desde que me quedé sin despacho fijo llevaba media oficina en el maletero. Pero también era mi segunda casa. A veces, más estable que la primera.

En el reducido espacio que había entre sus cinco puertas he  pasado más tiempo que en cualquier otro lugar. En su interior he vivido momentos malos, buenos, inolvidables y para el olvido.

Supongo que ese tipo de cosas fue haciendo que pese a los malos tragos, le cogiera cariño. Eso, y su increíble capacidad para resucitar cuando todos le damos por muerto.

Quizás por eso, en los últimos tiempos, cuando alguien se metía con él, en vez de darle la razón, como hacía antes, ahora lo defendía.

“Será lo que sea, pero ahí sigue, 13 años después…”

Porque por encima de todo, me daba alas. Unas alas pesadas, aparatosas y terriblemente caras, pero lo suficientemente eficaces como para permitirme volar al ritmo de sus altavoces.

Soy afortunada y tengo la suerte de poder contar con alas prestadas, pero no puedo evitar pensar que con las viejas alas se queda también atrás una época que toca a su fin.

Mañana será otro día. Una nueva época dará comienzo. Pero esta noche, por ser la última, seré yo quien le ponga una canción a mi coche, y no al revés.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Magic Moments

Cuando era más pequeña, mi padre me hablaba de “los momentos mágicos” y me decía que eran la sal de la vida. Decía que a veces ocurrían en la feria o te pillaban desprevenido en cualquier reunión de amigos. No podían ser buscados ni convocados, porque parte de su magia residía en lo inesperado de la situación que se crea.

Aprendí a reconocerlos. Cuando aparecen, te sacuden como una descarga, por su intensidad y porque, por unos instantes, eres plenamente consciente de que estás siendo feliz, en ese momento y en ese lugar. Sabes que su magia se prolongará sólo unos segundos o, en el mejor de los casos, apenas unos minutos más, y tal por eso, lo disfrutas aún más.

Son esos momentos los que hacen que nuestro paso por esta tierra merezca le pena, y los que llevaremos en el recuerdo cuando emprendamos nuestro otro viaje.

Anoche vivimos uno de ellos escuchando esta canción:

Quiero estar contigo

Aunque me incorpore un poco tarde a la polémica, no he podido dejar pasar la tentación de opinar acerca de si es mejor estar “soltera pero contigo” o “sólo contigo” o “soltera y punto“.

Vaya por delante que la carta de Isabelle Tessier me parece una declaración de intenciones bastante normal y me sigue pareciendo un misterio que haya tenido la repercusión mediática que ha tenido y que aún siga coleando en las redes sociales. Debe ser que aún nos queda mucho por avanzar como sociedad y semejante reactividad obedece a la falta de tolerancia hacia la forma de amar y de entender la vida de los otros. Como si cualquier variación de la supuesta norma constituyera una amenaza para nuestra forma de vida.

Desde el respeto absoluto a los modos ajenos de entender el amor y la felicidad en pareja y/o en soltería, comparto mi visión particular del asunto.

Para mi, en lo relativo al amor, el estado ideal es la pareja. Gracias a Dios y a lo poco de coherencia que aún me queda, porque si pensara que es la soltería tendría un pequeño problema de identidad, teniendo en cuenta que me he pasado 14 de los 15 últimos años de mi vida en pareja.

Dicho lo cual, llega el momento de incorporar los matices. Pareja sí, pero no a cualquier precio. Pareja sí, mientras merezca la pena. Y por supuesto, la soltería también tiene sus ventajas. Desde mi punto de vista, sólo dos y muy relacionadas, pero son claves.

La primera, la diversidad. Cuando estás soltera, puedes irte a la cama sola, irte cada noche con una persona distinta, o simplemente no irte a dormir. El misterio, la incertidumbre, la emoción y la aventura, pueden formar parte de tu vida en el momento en el que decides salir una noche o conocer a alguien. Y es ahí donde aparece para mi la segunda ventaja de la soltería, en las infinitas posibilidades que tienes todavía ante ti.

Normalmente la vida en pareja implica altas dosis de estabilidad y predictibilidad. Lo cual resulta al mismo tiempo un colchón de seguridad y un alambre de púas para nuestra salud mental.

Hay quien encuentra salidas intermedias a la disyuntiva, a través de la introducción de terceros en la relación, ya sea de manera consensuada con el otro o a sus espaldas. Hasta el momento, no ha sido mi caso.

Contemplado el precio de la exclusividad y de la certidumbre que conlleva el billete de la vida en pareja, para la que suscribe, todo lo demás, son ventajas. Claro que para eso es necesario haber hecho una buena elección y lo que resulta aún más importante, y desde luego mucho más difícil, mantener un cuidado mínimo pero constante del otro y de la relación.

Vivir en pareja no significa para mi renunciar a la individualidad o a la libertad. No quiero privarte de tus amigos, de tu familia, de tus aficiones. Tampoco yo renunciaré a las mías. No necesitaré saber en todo momento dónde estás, ni te diré siempre dónde estoy yo. No te diré la ropa que te tienes que poner o a quién tienes que mirar. Tampoco te haré caso si tú me lo dices a mi. No te impondré toque de queda cuando salgas sola ni dejaré que me lo impongas a mi.

No porque no me encante compartir el tiempo contigo o contártelo (casi) todo. No porque me de igual dónde estés o cómo mires a otras.

Simplemente porque por encima de todo, quiero que seas una persona libre y serlo yo. Quiero que sientas toda la libertad del mundo para ir a donde quieras o para mirar o tontear con quien quieras, y descubrir que cada día vuelves a casa y me eliges a mi. Me gusta saberme libre y besarte sólo a ti.

Porque no podemos saber qué pasará mañana, ni osaremos imponer promesas al futuro, entre tú y yo hay un pacto: hoy, quiero estar contigo.

Pero ese es nuestro pacto. Vale para nosotras y con eso basta. No es necesario exportarlo a ninguna otra relación. Ni siquiera es necesario que dure para siempre entre nosotras. Porque el amor es un misterio que cada cual entiende como quiere o como puede. Y, si somos afortunados, tendremos la oportunidad de vivirlo y construirlo junto a otra persona. Y como diría uno de los grandes mitos de la música española, lo que opinen los demás, está de más.

37

Llegaron lentamente, dejándose divisar en la lejanía. Acabamos de encontrarnos, pero parece que nos conociéramos de toda la vida. No sé cuándo empecé a mentalizarme de que llegarían, pero lo hice con tanta antelación y tan diligentemente que cuando al fin me alcanzaron he tenido que recurrir al calendario para no ponerme un año más.

Ayer lo celebré con una barbacoa íntima. Al final no tan íntima como planeaba, pero muy alejada de las fiestas que solía dar años atrás, en la que no tenía ningún pudor en añadir invitados a la lista ni licores a la sangría. Algunas mezclas resultaban ser demasiado explosivas, pero también nos dejaron momentos que para el recuerdo y para los que allí estábamos quedan 😀 😀 😀

La de ayer fue una celebración diferente a las de antaño, no por falta de mezcla, que alguna hubo, sino porque por primera vez en vez de personas llegaban familias. Hubo parejas, hermanos, primos, bebés, perros, adolescentes, y futuras mamás. Hubiéramos hecho las delicias del Foro de la Familia.

Ella me ha dado hace unas horas mi “regalo simbólico”, media cuartilla manuscrita, algo a medias entre una nota y una carta. Escrita con una letra minúscula y concentrada, tan indescifrable y profunda como Ella.

Al final de la nota-carta, en letras mayúsculas, para asegurarse de que esa parte la entendiera bien, una promesa en forma de vale, una escapada romántica. La ciudad elegida, Granada.

Quizás una carta romántica sea lo único que le he pedido y que no me había regalado. Quizás Granada sea para mi la ciudad más bonita y mágica del mundo. Fue uno de los primeros lugares a donde viajamos juntas y a los que nos encanta volver siempre que tenemos ocasión.

Quizás éste no vaya a ser un año tan malo, al fin y al cabo.

Pronto celebraremos 9 años juntas. Con más idas y venidas de las que me gustaría admitir. Con una situación de fondo, dejémosla en… complicada. Y se me sigue encogiendo el corazón al leer sus palabras de amor.

La vida no suele ser como la imaginas. Lo temporal se vuelve eterno y lo que crees que durará desaparece antes de que te des cuenta. A veces no consigues lo que te propones y cuando lo consigues no suele ser tampoco como pensabas.

Y de pronto te das cuenta de que tus preocupaciones, lo que pensabas que sería y no fue, o fue diferente, tus miedos, tus aventuras, tus fiestas de cumpleaños, no son otra cosa que tu vida pasando, y comprendes lo poco que importan la mayoría de las cosas que alguna vez te han quitado el sueño y que en realidad no lo has pasado tan mal por el camino, que has tenido muchos y muy buenos momentos, y te sientes afortunada por poder compartir otro año más con aquellos a quienes quieres.