Yo sí guardaría un minuto de silencio por Rita Barberá

Cuenta la leyenda que dos artistas cuya enemistad era amplia y notoria, se toparon en la puerta de un local. Uno de ellos reaccionó rápido, adelantándose: “Yo no cedo el paso a  maricones arrogantes“, el otro, cuyo nombre era Jacinto Benavente, dio un paso atrás y haciendo una reverencia, respondió: “Yo sí“.

Se puede ser cortés y valiente. Se puede, y en mi opinión se debe, mostrar respeto por la muerte de una compañera del partido contrario, sin renunciar a tus ideas, sin dejar de denunciar aquello que hizo mal.

Fue una falta de respeto negar el minuto de silencio a Labordeta. También me lo parece no hacerlo ahora por Rita Barberá. Una falta de respeto, a mi entender, no se dignifica con otra.

Me gusta la filosofía de quienes saben pregonar con el ejemplo. Creo que si tuviéramos más respeto, en general, por la vida humana, otro gallo nos cantaría.

Pero lo que importa es quién logrará sacar más rédito electoral: si los que hacen leña del árbol caído o los que, tras renegar (cargados de razones) de ella en vida, pretenden a su muerte convertirla en mártir.

Un poco de coherencia y de elegancia no le vendría mal a nuestro maltrecho parlamento.

 

 

 

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Fin de una era

En unas horas se decidirá si se rompe la tendencia de la Unión Europea a crecer y comienza a disminuir. No en talla moral, que hace mucho que la perdió, sino cuantitativamente.

En unos días se decidirá (¿decidiremos?) el futuro gobierno de España. Al menos, el próximo reparto de escaños.

Quizás, un nuevo contrato.

En unas semanas alguna selección ganará la Eurocopa, cosa que me importa poco pero en este país es como vital y aunque lo intentes no puedes permanecer ajena a ciertas realidades.

En unos meses, si los dioses quieren, estaremos inaugurando un nuevo hogar, un nuevo negocio.

Hay otros finales que se adivinan pero que no me atrevo a escribir.

Lo viejo deja paso a lo nuevo. Aunque a veces lo que dejamos atrás es lo nuevo, y volvemos a lo viejo, a un lugar que conocemos bien.

Estamos ante un cambio de era. Lo que nos depare el destino sólo los dioses lo saben. Que el camino será arduo lo damos por descontado, pero ya tenemos el cuerpo y el alma curtidos y no nos dejamos asustar fácilmente.

Y henos aquí, justo antes de tomar la próxima curva, el siguiente desvío del camino que hasta ahora parecía marcado, con los bolsillos llenos de buenas vibraciones, deseos por cumplir y una decisión tomada: volver a equilibrar la balanza.

Augurios

Esta mañana Hugo me ha dejado un regalito en la puerta. Desde que lo desterramos del dormitorio por conducta disruptiva se encarga de recordarnos que no está de acuerdo con la decisión muy a menudo, no vaya a ser que se nos olvide.

No me noto las neuronas especialmente despejadas. Tampoco ninguna novedad, dado mi ritmo últimamente. Pero he agotado mi bono de minutos de sueño. Al menos hasta después del examen.

El reloj de ING sigue impertérrito.

No pinta bien el día.

Si no fuera porque dejé el café seguramente hoy sería una de esas mañanas que encontraría la cafetera vacía.

Algo a mi favor: el reloj hoy no tiene prisa. Me ha concedido unos minutos extra que aprovecho para escribir estas lineas.

3 a 1. Una apuesta buena para ganar, fácil de perder.

 

 

 

 

Pacto de la deshonra

En algún momento de la historia, cuando haya pasado el tiempo suficiente, o cuando las consecuencias sean tan inmensas como cotidianas, se estudiará el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía en torno a “la crisis de los refugiados“. Igual que ahora se estudia el Tratado de Versalles.

Por si no fuera poco vergonzoso lo que están haciendo -y sobre todo dejando de hacer- con los millones (sí, se cuentan por millones: http://www.cear.es/wp-content/uploads/2015/06/Informe-2015-de-CEAR2.pdf) de refugiados que tratan de cruzar las fronteras, se permiten el lujo de mercantilizarlo y plasmarlo por escrito, como si de una tasación de ganado se tratase.

Qué vergüenza de dirigentes. Qué pena de Occidente. Qué poca humanidad. Cuánta indolencia. Acabará devorado por si mismo. Estamos asistiendo, en primera fila, al final de nuestra era. La pregunta no es ya si Europa podrá salvar a nadie, o salvarse a sí misma,  la pregunta es cuántas muertes, humillaciones y desesperanzas más sembrará hasta que se ahogue en su propia codicia.

With Arms Wide Open

Boszormenyi-Nagi, uno de los “fundadores” de la terapia familiar sistémica, partía de la premisa de que los hijos, desde su nacimiento, contraen una deuda familiar con sus padres que no podrán saldar nunca, ya que a ellos le deberán siempre la vida. A esta deuda inicial se le suman, en la mayoría de los casos, años de dedicación y sacrificio, que difícilmente podrán ser saldados por las acciones de los hijos, por más generosas y honorables que éstas sean.

Sin pretender poner en duda las enseñanzas de este gran maestro, hoy quiero utilizar esta mínuscula estrella en la blogosfera para hacerles llegar mi agradecimiento, no por darme la vida, que también (faltaría más!), sino por lo que vino después.

Hoy me siento muy agradecida al comprender que puedo permitirme vivir sin miedo porque ellos me enseñaron que el mundo es un lugar seguro. Hoy comprendo que no todas las personas han podido tener esa suerte. Hoy comprendo el origen del miedo. No del miedo a una amenaza real, que es necesario para poder evitar los peligros. Hablo del miedo a la vida, o del miedo a la muerte, que son las dos caras de una misma moneda.

Todas las veces que me caí y ellos me ayudaron a ponerme en pie, todas las veces que llegué llorando a casa y hubo alguien para consolarme. Todas las veces, en definitiva, que estuvieron y siguen estando ahí, ofreciendo su cariño como refugio y su ayuda cuando hace falta, han hecho que hoy, treinta y siete años después de llegar a este mundo, pueda confiar, cuando las cosas se tuercen, en que podrán arreglarse, cuando me caigo, en que podré volver a levantarme, cuando el corazón se rompe, en que puede volver a recomponerse. Porque el regalo más valioso que unos padres pueden hacer a sus hijos, tras darles la vida -qué duda cabe-, es enseñarles a confiar y a amar.

Si algún día llego a ser madre, no podré evitar transmitirle a mi hij@ algunas de mis manías y mis neurosis, o mi despiste permanente, mi mala memoria, mis alergias… No podré evitar cometer errores, y algunos me temo que serán de los grandes, pero haré lo imposible porque se sienta querid@ y segur@ en este mundo, como mis padres han hecho conmigo.

Va por vosotros.

 

 

 

 

 

Freedom and slaves

Dice la R.A.E.:

libertad.
(Del lat. libertas, -ātis).
1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.
3. f. Estado de quien no está preso.
4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.
5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.
6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.
7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.
9. f. Licencia u osada familiaridad. Me tomo la libertad de escribir esta carta. Eso es tomarse demasiada libertad. En pl., u. en sent. peyor.
10. f. Exención de etiquetas. En la corte hay más libertad en el trato; en los pueblos se pasea con libertad.
11. f. Desembarazo, franqueza. Para ser tan niña, se presenta con mucha libertad.
12. f. Facilidad, soltura, disposición natural para hacer algo con destreza. Algunos pintores tienen libertad de pincel. Ciertos grabadores tienen libertad de buril.

La primera acepción es inherente al ser humano y a su libre albedrío. Y aunque ciertamente puede verse muy limitada en cuanto al número de opciones disponibles, siempre nos queda la opción de luchar o ceder, de vivir arrodillados o morir de pie.

La esclavitud lejos de abolirse está acuñando nuevas formas, cada vez extendiéndose a más países en nombre de la productividad y la competitividad empresarial.

Es también el estado de quien no está preso. Pero, ¿preso de qué? ¿De nuestros afectos? ¿De nuestras tradiciones? ¿O quizás de nuestros hábitos? ¿Quién puede alzar su voz y afirmar que no le atan cadenas de ningún tipo?

Falta de subordinación… al orden social, el mismo que establece que los adolescentes y jóvenes son rebeldes.

La quinta acepción, la que alude a los gobiernos, resulta altamente tendenciosa. ¿Qué es una nación bien gobernada? Vale que enmarquemos la libertad en los límites de la ley, pero, ¿de las buenas costumbres, también? ¿Buenas costumbres para quién? Realmente es una definición tan subjetiva como la que puede hacer un niño de 4 años.

La libertad es a veces un estatus. Qué duda cabe.

De nuevo nos topamos con las leyes y las buenas costumbres, pero esta vez no son acatadas. Esta vez se desobedecen y además de forma desenfrenada. Qué curioso que sean precisamente las acepciones subjetivas las que no se acompañan de ejemplos ilustrativos.

A veces es familiaridad. O falta de protocolo. O simplemente, franqueza. En los casos más privilegiados, es un don.

De todas las acepciones, la que más me gusta, sin duda, es la primera. La idealista, la que ni siquiera perdemos como esclavos o como presos. La misma, sin embargo, que depende del resto de acepciones para poderse disfrutar en menor o mayor medida.

Porque todos las personas nacemos libres pero algunas nacemos más libres que otras. Algunas sólo pueden elegir en qué lugar van a morir, o a qué hijo van a alimentar. Otras, ni eso.

En nuestra sociedad puedes elegir qué funda llevará tu móvil, de qué marca será tu Smartphone y qué compañía telefónica te robará cada mes. Si tu elección es no tener un Smartphone, sufrirás el estigma social de quien desafía la norma. Tendrá un altísimo coste social, pero podrás elegirlo.

Cuando hablamos de bienes que no se pueden comprar a plazos, sin embargo, las opciones se limitan drásticamente.

¿Puedes elegir en qué trabajar? ¿Puedes elegir tus condiciones laborales?  ¿Puedes elegir cuándo tener hijos o cuántos hijos tener?

¿Tu opción es tener un gobierno que no sea corrupto, que no se venda a los intereses de las empresas energéticas y de la banca, que abogue por el bien común en vez de por el propio?

Tal vez hayas tenido la tentación de responder con un “no” rotundo a las últimas preguntas. Y quizás tengas razón. Pero quiero creer que aunque muchas opciones estén vedadas, aún podemos decir “no”. A ciertas condiciones laborales, a un trabajo poco digno.

Por muy negro que se presente el horizonte, aún podemos decidir si nos arriesgamos a traer niños a este mundo injusto e incierto, o nos quedamos como estamos.

Por muy similares que nos parezcan los partidos, podemos elegir entre votar a los que han demostrado sobradamente su falta de honestidad, o a los que aún no han tenido ocasión de defraudarnos. Si ninguno nos parece digno, siempre nos quedará la opción de fundar nuestro propio partido. ¿Inútil? Que se lo digan a Rivera o a Pablo Iglesias.

A las malas, nos queda la opción de hacer las maletas e irnos a otro lugar donde el Sol de la libertad brille más.

Claro que admitir que tenemos opciones es aceptar también nuestra parte de responsabilidad no sólo sobre nuestra propia vida, sino también en aquello que nos rodea. Porque la sociedad no es un ente abstracto, la sociedad somos tú, yo, él y ella.

Podría pasarme el día entero escribiendo, pero hay otros que se expresaron mucho mejor que yo, y en sólo una frase. Hace más de 2.000 años…

“Son pocos los que prefieren la libertad, la mayoría sólo quiere un amo justo” Salustio.

Slowly

 

Una ventaja de caminar despacio es que puedes observar el mundo a tu alrededor. Puedes ver venir las Navidades desde lejos, sin que te sorprenda el primer escaparate que encuentres adornado, o el anuncio de la lotería por la TV.

Te permite saborear los detalles y deleitarte con los que más te gustan.

Otra ventaja, bastante paradógica, es que avanzas más rápido que cuando caminas deprisa, porque cuando caminas deprisa, el mundo entero se acelera contigo, incluido el tiempo. Y lejos de controlarlo, de doblegarlo, con nuestras prisas, lo alimentamos.

Sin embargo, cuando caminas despacio, el tiempo no tiene más remedio que reducir la marcha para ir a tu paso.

Ya está aquí un nuevo y flamante fin de semana, y a la vuelta de la esquina, un precioso puente.

Que lo disfruten… despacio!