Floreciendo

Siempre me ha parecido el mes más bonito del año. El que deja, por fin, atrás el frío del invierno, el que hace florecer el gris de las aceras, el que otorga a mi ciudad ese olor tan característico en primavera. Y lo hace sin traer aún el sofocante calor que habrá de imponer su tiranía durante meses.

Algunos días de fiesta y festejos lo acompañan, para que puedas levantar la vista de los libros o del ordenador y darte cuenta de que la vida florece a tu alrededor.

Este año se conmemora un acontecimiento que en su día fue muy importante para la ciudad y para muchas personas que tuvimos la suerte de vivirlo, cuya repercusión ha quedado silenciada por años de abandono y desidia. Quizás sea el momento de devolverle su lugar y de colocar cada cosa en su sitio. De soltar lastres y volver a comenzar.

Fuera llueve, pero por dentro de mi, con permiso del maestro Bécquer…

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,                                                                                           hoy llega al fondo de mi alma el sol,                                                                                              hoy me ha leído…                                                                                                                                   me ha leído y le ha gustado…

Feliz primavera.

 

 

 

 

Hidden

Si no te conociera me atrevería a asegurar que has estado esquivándome. Pero poco a poco parece que vuelves a buscarme. No te voy a mentir, te noto algo distinta. Un brillo de triunfo asoma a veces en tus ojos, y parece que has recobrado parte de la seguridad que habías perdido en la última época. Pero sobre todo, te noto cansada. Quizás es el desgaste inevitable de un maratón que se ha prolongado demasiado, o quizás, como tú dices, sólo es sed de vacaciones.

Sin embargo, sé que hay algo que no me cuentas. Algo trama esa cabeza que nunca desconecta. No te preocupes, no voy a interrogarte. Tienes derecho a tener secretos. El día que te apetezca, me lo cuentas, y si no te apetece hacerlo nunca, también estará bien. Confío en tu criterio.

Mientras tanto, si me lo permites, te confesaré yo el mío…

 

 

Yo sí guardaría un minuto de silencio por Rita Barberá

Cuenta la leyenda que dos artistas cuya enemistad era amplia y notoria, se toparon en la puerta de un local. Uno de ellos reaccionó rápido, adelantándose: “Yo no cedo el paso a  maricones arrogantes“, el otro, cuyo nombre era Jacinto Benavente, dio un paso atrás y haciendo una reverencia, respondió: “Yo sí“.

Se puede ser cortés y valiente. Se puede, y en mi opinión se debe, mostrar respeto por la muerte de una compañera del partido contrario, sin renunciar a tus ideas, sin dejar de denunciar aquello que hizo mal.

Fue una falta de respeto negar el minuto de silencio a Labordeta. También me lo parece no hacerlo ahora por Rita Barberá. Una falta de respeto, a mi entender, no se dignifica con otra.

Me gusta la filosofía de quienes saben pregonar con el ejemplo. Creo que si tuviéramos más respeto, en general, por la vida humana, otro gallo nos cantaría.

Pero lo que importa es quién logrará sacar más rédito electoral: si los que hacen leña del árbol caído o los que, tras renegar (cargados de razones) de ella en vida, pretenden a su muerte convertirla en mártir.

Un poco de coherencia y de elegancia no le vendría mal a nuestro maltrecho parlamento.

 

 

 

Otro gran paso para el ser humano… hacia atrás

Hoy, como buena parte de vosotros, y de este pequeño gran mundo que compartimos, he desayunado con la amenazadora noticia de que Donald Trump  estaba a punto de ganar las elecciones en EE.UU…

De nuevo, las encuestas fallaron y los peores pronósticos, los que casi todo el mundo daba por imposibles por aquí , se cumplieron.

Visto lo visto el PSOE ha perdido su gran oportunidad para ganar las elecciones generales en España tras su congreso federal.

Ironías aparte, no puedo apartar de mi cabeza dos ideas que rondan mi mente desde entonces:

La primera, el inmenso poder (de opinión, movilización, de presión) que tiene un instrumento que, a todas luces, no es fiable. Resulta sorprendente -y algo sospechoso- que cuanto peor funcionan las encuestas -al menos en apariencia-, lejos de perder credibilidad, más se emplean y se habla de ellas.

La otra es que seguimos avanzando en la nueva era.

Tras un período de relativa bonanza, en el que, huyendo de la peor cara del ser humano que mostraron las guerras mundiales, las democracias se expandieron por occidente,las clases medias prosperaron,  y se avanzó  tanto en muchos países en derechos sociales, tolerancia y respeto, no sólo hacia nuestros congéneres, sino también hacia otras especies animales y hacia el medio ambiente en general… cuando algunos comenzamos a creer en la evolución del ser humano como especie… algo hizo click y la tendencia cambió, pero inmersos en nuestras vidas, no nos dimos cuenta.

Aunque desde dentro de nuestra época a veces nos lo parezca, la historia no sigue un avance lineal, la historia es circular, al igual que el futuro, que no está escrito pero gira igual.

En algún momento, seguramente entre el nacimiento de la globalización, el comienzo de la recesión económica mundial, la proliferación del terrorismo islámico y los movimientos migratorios de los refugiados, el péndulo cambió de rumbo.

Nuestro pensamiento, al igual que el de los cocineros de las encuestas, cargado de esperanza y sentido común, sigue tratando de interpretar el mundo con los mismos códigos que antes, y se queda atónito, sin ser capaz de entender lo que está pasando a su alrededor, y mucho menos de anticiparse, a los fenómenos sociales que se suceden a ritmo vertiginoso. Ante las evidencias: el Brexit, el rechazo al acuerdo de paz en Colombia, nuestras propias elecciones o las de EE.UU., por citar algunas de las más recientes, aún nos resistimos a creer que el mundo, ese en el que crecimos creyéndonos seguros y estables, ha cambiado.

El ser humano no se ha vuelto loco de repente y le ha dado por caminar hacia la autodestrucción. Sólo ha dado un paso más, hacia atrás, pero también, si ampliamos el foco, un paso hacia adelante en su infinito círculo, ese que va del amor al odio al prójimo, que representa la lucha más antigua: la que se libra entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad.

“Como el Sol, la locura también tiene su órbita” (anónimo?)

Y entre estas pretendidas reflexiones histórico-filosóficas, y sobre todo, para no dejarse llevar por el desaliento, creo que es importante recordar quiénes somos, en qué creemos y por qué no debemos dejar de luchar por ambas cosas. Aunque a veces, en días como hoy, y  como en tantos otros que vendrán, perdamos.

 

 

 

 

 

La vida dividida

Desde que el universo se plegó sobre sí mismo, hace cerca de un año, mi cotidianidad experimentó un caudal de nuevas experiencias, ilusiones, y en la misma medida, nuevas fuentes de estrés y, a ratos, frustración.

Si antes tenía la sensación de estar como un malabarista, manteniendo varias bolas en el aire al mismo tiempo, tras la irrupción de las últimas bolas, la imagen pasó a ser la de alguien que tiene que elegir en cada momento qué pelota mantener en el aire y cual dejar caer, e ir tratando de compensar el tiempo que cada una es abandonada a su suerte en la siguiente ronda.

Desde entonces mi día a día ha transcurrido dividido entre dos mundos. Nada tienen que ver el uno con el otro. Los dos me apasionan. Ninguno me da de comer. La forma de pagar las facturas, al igual que mis poquitos ratos de ocio, serían bolas extra, que rara vez tengo ocasión de controlar, y que han de gestionarse aparte.

Lo curioso es que sé que hay bolas importantes que aún no han tenido ocasión de entrar en juego, que comienzan a temer por su papel en este espectáculo.

La razón apunta a un callejón sin salida en la que inevitablemente, todas las bolas terminarán rodando por el suelo o chocando entre sí en el aire, sólo Dios sabe con qué consecuencias.

Mi instinto, mi optimismo y mi fe me dicen que siga adelante, que las piezas del puzzle que  en este momento es mi vida terminarán por encajar, dando forma a esa imagen que ahora sólo puedo entrever en sueños.

Alea jacta est. Para bien o para mal, siempre me ha podido la parte emocional…

 

 

 

 

 

 

 

Treasures

Atesoro libros como otros sus recuerdos o sus vivencias. Entre mis preferidos, se encuentra un diccionario combinatorio del español, que por cada palabra te devuelve otras relacionadas.

Sí, ya sé que hay aplicaciones informáticas que hacen lo mismo y que no ocupan sitio en una estantería, pero, para mi, nunca tendrán la misma belleza que un libro cuyas páginas abres entre tus manos. Ni su romanticismo.

Atesoro libros por amor al arte, de la misma forma que estudio por amor al conocimiento. Es una forma de ser, de ver y de vivir la vida, no siempre comprendida por la sociedad capitalista de la que todos formamos parte.

Como cualquier forma de vida, tampoco es necesario que sea comprendida, basta con que sea respetada.

Para los amantes de la crítica, os dejo las expresiones que asocia el diccionario de uso con esa palabra:

Crítica/r: abatir(se), acallar, ácido, a diestro y siniestro, afilado, airado, aplacar(se), candente, capear, cejar (en), cobrar fuerza, con dureza, conjurar, constructivo, cordialmente, fehacientemente, implacable, impune, lanzar, lluvia (de), negar, nimio, objeto (de), peregrino, punzante, rebatir, rezumar, salir al paso (de), serio, severo, severamente, sin fundamentos, sin paliativos, sin piedad, sin tapujos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Perdón

Errar es humano. Como tengo que lidiar todos los días con mi humanidad suelo ser bastante tolerante con las equivocaciones y por lo general entiendo que cualquiera puede cometer un error, por grande que sea éste.

Por eso cuando salí de aquel coche que acababa de ser embestido por otro vehículo no iba con ánimo de pelearme. Aunque había visto la velocidad de crucero que llevaba en el momento de impactar contra el nuestro y sabía que el dolor que estaba sintiendo en el cuello, y el de las dos personas que venían conmigo, había sido causado por su imprudencia.

El enfado vino luego. Cuando con el parte amistoso en una mano y la tolerancia en la otra, me topé de frente con el despotismo de un ser que en ningún momento pidió disculpas por lo ocurrido ni preguntó por el estado de las personas que estábamos dentro. No se tomó la molestia de dar una explicación. Sólo parecía preocupado por los daños de su propio vehículo y porque lo estábamos entreteniendo.

No haré juicios de valor con respecto al por qué nos trataba con tanto desprecio. Quizás no fuera porque éramos mujeres y él árabe. Quizás el hecho de que cuando llegaron los hombres su actitud cambió tiene más que ver con el miedo que con una religión mal entendida. No lo sé, y quizás me equivoco al pensar que no importa.

Me importa que ayer se cometió una agresión y que no ha sido compensada. No será compensada aún en el improbable caso de que alguien nos indemnice. No será compensada por la penitencia que quizás le imponga la policía por su pecado de soberbia, porque podríamos haberlo arreglado todo de forma amistosa.

Tampoco me importa que uno de los dos no tuviera  los papeles en regla. Ni sus prisas porque acababa el día del Ramadán. Su suerte me es absolutamente indiferente.

No quiero venganza. Sólo unas disculpas que no han llegado y nunca llegarán.