Treasures

Atesoro libros como otros sus recuerdos o sus vivencias. Entre mis preferidos, se encuentra un diccionario combinatorio del español, que por cada palabra te devuelve otras relacionadas.

Sí, ya sé que hay aplicaciones informáticas que hacen lo mismo y que no ocupan sitio en una estantería, pero, para mi, nunca tendrán la misma belleza que un libro cuyas páginas abres entre tus manos. Ni su romanticismo.

Atesoro libros por amor al arte, de la misma forma que estudio por amor al conocimiento. Es una forma de ser, de ver y de vivir la vida, no siempre comprendida por la sociedad capitalista de la que todos formamos parte.

Como cualquier forma de vida, tampoco es necesario que sea comprendida, basta con que sea respetada.

Para los amantes de la crítica, os dejo las expresiones que asocia el diccionario de uso con esa palabra:

Crítica/r: abatir(se), acallar, ácido, a diestro y siniestro, afilado, airado, aplacar(se), candente, capear, cejar (en), cobrar fuerza, con dureza, conjurar, constructivo, cordialmente, fehacientemente, implacable, impune, lanzar, lluvia (de), negar, nimio, objeto (de), peregrino, punzante, rebatir, rezumar, salir al paso (de), serio, severo, severamente, sin fundamentos, sin paliativos, sin piedad, sin tapujos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Perdón

Errar es humano. Como tengo que lidiar todos los días con mi humanidad suelo ser bastante tolerante con las equivocaciones y por lo general entiendo que cualquiera puede cometer un error, por grande que sea éste.

Por eso cuando salí de aquel coche que acababa de ser embestido por otro vehículo no iba con ánimo de pelearme. Aunque había visto la velocidad de crucero que llevaba en el momento de impactar contra el nuestro y sabía que el dolor que estaba sintiendo en el cuello, y el de las dos personas que venían conmigo, había sido causado por su imprudencia.

El enfado vino luego. Cuando con el parte amistoso en una mano y la tolerancia en la otra, me topé de frente con el despotismo de un ser que en ningún momento pidió disculpas por lo ocurrido ni preguntó por el estado de las personas que estábamos dentro. No se tomó la molestia de dar una explicación. Sólo parecía preocupado por los daños de su propio vehículo y porque lo estábamos entreteniendo.

No haré juicios de valor con respecto al por qué nos trataba con tanto desprecio. Quizás no fuera porque éramos mujeres y él árabe. Quizás el hecho de que cuando llegaron los hombres su actitud cambió tiene más que ver con el miedo que con una religión mal entendida. No lo sé, y quizás me equivoco al pensar que no importa.

Me importa que ayer se cometió una agresión y que no ha sido compensada. No será compensada aún en el improbable caso de que alguien nos indemnice. No será compensada por la penitencia que quizás le imponga la policía por su pecado de soberbia, porque podríamos haberlo arreglado todo de forma amistosa.

Tampoco me importa que uno de los dos no tuviera  los papeles en regla. Ni sus prisas porque acababa el día del Ramadán. Su suerte me es absolutamente indiferente.

No quiero venganza. Sólo unas disculpas que no han llegado y nunca llegarán.

 

 

Fin de una era

En unas horas se decidirá si se rompe la tendencia de la Unión Europea a crecer y comienza a disminuir. No en talla moral, que hace mucho que la perdió, sino cuantitativamente.

En unos días se decidirá (¿decidiremos?) el futuro gobierno de España. Al menos, el próximo reparto de escaños.

Quizás, un nuevo contrato.

En unas semanas alguna selección ganará la Eurocopa, cosa que me importa poco pero en este país es como vital y aunque lo intentes no puedes permanecer ajena a ciertas realidades.

En unos meses, si los dioses quieren, estaremos inaugurando un nuevo hogar, un nuevo negocio.

Hay otros finales que se adivinan pero que no me atrevo a escribir.

Lo viejo deja paso a lo nuevo. Aunque a veces lo que dejamos atrás es lo nuevo, y volvemos a lo viejo, a un lugar que conocemos bien.

Estamos ante un cambio de era. Lo que nos depare el destino sólo los dioses lo saben. Que el camino será arduo lo damos por descontado, pero ya tenemos el cuerpo y el alma curtidos y no nos dejamos asustar fácilmente.

Y henos aquí, justo antes de tomar la próxima curva, el siguiente desvío del camino que hasta ahora parecía marcado, con los bolsillos llenos de buenas vibraciones, deseos por cumplir y una decisión tomada: volver a equilibrar la balanza.

Augurios

Esta mañana Hugo me ha dejado un regalito en la puerta. Desde que lo desterramos del dormitorio por conducta disruptiva se encarga de recordarnos que no está de acuerdo con la decisión muy a menudo, no vaya a ser que se nos olvide.

No me noto las neuronas especialmente despejadas. Tampoco ninguna novedad, dado mi ritmo últimamente. Pero he agotado mi bono de minutos de sueño. Al menos hasta después del examen.

El reloj de ING sigue impertérrito.

No pinta bien el día.

Si no fuera porque dejé el café seguramente hoy sería una de esas mañanas que encontraría la cafetera vacía.

Algo a mi favor: el reloj hoy no tiene prisa. Me ha concedido unos minutos extra que aprovecho para escribir estas lineas.

3 a 1. Una apuesta buena para ganar, fácil de perder.

 

 

 

 

Mientras tanto

Fue por estas fechas. Un día cualquiera entre mayo y junio. Ninguna de las dos lo marcó en el calendario porque por aquel entonces no sospechábamos que habría un antes y un después de aquella tarde. Nada hacía sospechar que nuestras vidas estaban a punto de cambiar. Nada, salvo el brillo de su mirada al bajar del coche; nada, salvo mi sonrisa cómplice.

La vida es aquello que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes

decía John Lennon.

Y mientras estábamos ocupadas con otros planes, con otras personas, sin quererlo, casi sin darnos cuenta, la vida nos sucedió.

Sucedió su mirada magnética, mi sonrisa inevitable, canciones sobre ruedas, confesiones bajo la luna.

Hubiera sido una gran amistad, seguramente de esas que duran toda una vida, si no hubiera sido porque me enamoré de su forma de mirarme.

Hubiera sido una historia de esas que acaban antes de empezar, si no hubiera sido porque no me dejó marchar.

Diez años después, mientras escribo estas líneas, ella acaba de despertar, a mi lado. “Te quiero“, son sus primeras palabras.

La vida sigue sucediendo…

 

 

 

 

 

 

Plagas

La precariedad de nuestra economía se había dejado notar en los últimos meses también en el estado de los acuarios. La falta de tiempo para dedicar a su mantenimiento tampoco ha ayudado.

Aunque la población del acuario de escalares se ha mantenido milagrosamente estable, una proliferación excesiva de algas había cubierto casi por completo sus cristales, de forma que costaba mucho ver su interior.

Comencé con un tratamiento intensivo consistente en cambios de agua frecuentes, que sólo recientemente he podido completar con el paso definitivo: la compra de un pequeño ejército de peces come algas.

Aunque tengo químicos anti-algas, la mejor opción siempre es la auto-regulación de la Naturaleza mediante el equilibrio de sus ecosistemas.

siames

Come-algas siamés

La primera tanda de come-algas, 4 siameses, se mostraba excesivamente temerosa de operar en áreas visibles, por lo que se replegó en la esquina derecha del acuario, que ahora luce impoluta, sin atreverse a explorar el resto, claramente intimidados por el tamaño de los antiguos habitantes del acuario.

Ante el poder de los grandes, la única opción de los pequeños es permanecer juntos en grandes grupos.

Ayer envié refuerzos, un Plecostomus, Pleco para los amigos, y 4 Pekoltias (creo que se llaman así), todos ellos eficaces come-algas.

pleco

Plecostomus

 

Ahora mis come-algas, aunque siguen prefiriendo las esquinas -lugares menos accesibles para los grandes-, se van dejando ver también por el resto del acuario, recorriéndolo poco a poco de punta a punta, dejando a su paso un reguero de claridad y transparencia evidente que hace recobrar la esperanza en que podamos controlar la plaga.

Aunque el acuario dista mucho de estar impoluto, salvo por sus esquinas, ahora la trama de algas es menos intensa y ya permite ver lo que hay tras los cristales desde fuera: más algas.

Mientras observo al pequeño ejército afanado en la ingente tarea de reducir la plaga del acuario y escucho las noticias de última hora, no puedo evitar pensar en la analogía: un ejército de jueces, policías, periodistas… luchando sin descanso por acabar con nuestra plaga particular, la corrupción. Como mis come-algas, también ellos tienen que tener cuidado de no dejarse ver demasiado, si no quieren morir devorados por los poderosos, que han sabido adaptarse y sacar provecho del sistema. Como mi pequeño ejército, también ellos encuentran su fuerza en el poder de la unión. Y aunque sus resultados son evidentes, y van logrando importantes logros, algunas dimisiones, como la del ministro Soria, algunos encarcelamientos, como el de Mario Conde, que hacen recordar que existe una cosa que se llama justicia y que a veces también funciona para los ricos, los espacios de transparencia que van dejando, lejos de aportar tranquilidad, sirven para que desde afuera comience a vislumbrarse el verdadero alcance de la plaga.